La mala suerte de los Burchert

13/03/2012 19:421 comentarioVistas: 7

Las personas nacen predestinadas. Según la zona geográfica o el status de su familia, millones de niños nunca podrán optar al mismo estilo de vida que otros. Además, en muchas ocasiones, existe la creencia de que la gente nace con su futuro escrito, no sólo por las circunstancias, sino por un poder superior que determina los derroteros que llevará la vida de los sujetos. Términos como la buena fortuna o la mala suerte, se emplean a menudo para justificar las coincidencias que experimentamos en nuestro día a día. Esta es la historia del “gafe” de los Burchert.

Nico y Sascha Burchert nacieron en Berlín con dos años de diferencia -en 1987 y 1989 respectivamente- y prácticamente desde sus inicios, su carrera futbolística estuvo ligada al club capitalino. Además, en una situación poco corriente, ambos decidieron enfundarse el uniforme de portero, ponerse los guantes y dedicarse a evitar que los rivales marcaran goles. Su familia nunca les presionó para que se dedicaran al fútbol de manera profesional, pero poco a poco, los Burchert quemaron etapas en los equipos de las distintas categorías del Hertha Berlin hasta llegar al filial. En 2008, y mientras Sascha, el hermano menor, realizaba la pretemporada con el primer equipo con tan solo diechiocho primaveras, Nico, quizás enrabietado y sintiéndose perdedor en la tradicional aunque pocas veces manifiesta competitividad familiar, decidió buscarse la vida lejos de la ciudad que le vió nacer.

Nico Burchert fichó por el Padeborn, distrito bastante alejado de su ciudad natal. El equipo de Renania del Norte acababa de vender al Borussia Dortmund a Lukas Kruse, su guardameta titular, y militaba en la 3.Liga, con un bloque destinado a luchar por el ascenso. Aunque el objetivo se logró en el playoff frente al Osnabrück, el héroe bajo los palos era Kasper Jensen, portero danés también fichado esa misma temporada, que jugó prácticamente todos los partidos. Lo mismo sucedió la siguiente campaña, ya en 2.Bundesliga, con el agravante del fichaje del veterano Daniel Masuch, que relegó a Burchert a la condición de tercer portero hasta la pasada temporada. Sin embargo, el regreso al Paderborn de Kruse, su primer “enemigo” en la lucha por la titularidad, mantiene a Nico en un segundo plano, sin haber disputado ni siquiera un minuto en los dos últimos años.

Mientras Nico sufría en el banquillo del Paderborn, su prometedor hermano veía como su club finalizaba en 2008 en una brillante cuarta posición en la Bundesliga, mientras alternaba entrenamientos a caballo entre el filial y el primer equipo. La siguiente campaña, ya como miembro de la primera plantilla, las cosas no empezaron bien. El Hertha de Berlin encadenó cuatro derrotas en las cinco primeras jornadas. Sin embargo, en la sexta fecha, debido a la lesión del arquero titular Drobny (actualmente en el Hamburgo), Burchert pudo debutar en la Bundesliga. Resultado: una goleada en casa por 0-4 frente al Friburgo, que además se llevó por delante al técnico Lucien Favre, que hoy en día cosecha éxitos en el sorprendente Borussia Mönchengladbach.

El nuevo entrenador, Wolfgang Funkel, confío en Ochs antes que en Burchert, en un nuevo revés para el joven guardameta. Sin embargo, en el segundo partido -y tras haber encajado una goleada por 5-1 en el primero- Ochs abandonó el terreno de juego aquejado de unas cuestionables molestias físicas, visiblemente molesto con su defensa tras encajar el primer gol -anotado por el central Kaka en propia puerta-. Burchert entraba al terreno de juego exultante, con el marcado igualado, dispuesto a demostrar su valía. Sin embargo, tan solo seis minutos más tarde, sucedía esto

Y tan sólo dos minutos más tarde…

Sascha Burchert solo disputaría un partido más como guardameta del Hertha durante aquella fatídica temporada -una derrota por 3-0 ante el Nürnberg- y desde entonces, solo ha jugado cuatro encuentros más con la camiseta del club capitalino. Todavía joven, puesto que solo tiene 22 años, espera una oportunidad de consagrarse. No será fácil superar los errores del pasado. La mala suerte persigue a los hermanos Burchert, pero seguro que su familia, que siempre ha vivido en la misma casa de Berlín, no cree en la fuerte del destino y sí confían esperanzados en un brillante porvenir para Sascha y Nico.

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