1.Bundesliga

Habrá recursos, pero no consistencia

VfL Wolfsburg se ha convertido en un equipo que acostumbramos a ver pelear por la permanencia. Su actual desempeño, además de estar muy por debajo del esperado, es el que menos regularidad pareciera tener. Actualmente, son el peor equipo visitante de la liga.

 

Felix Magath es un hombre con laureles suficientes para merecer el respeto de hasta sus más grandes rivales. A nivel local, ha logrado ganar la liga en más de una oportunidad, ha entrenado a ocho equipos diferentes -repitiendo en un par, incluso- y, en parte gracias a su estricta disciplina y exigencia, es de los nombres más famosos del balompié teutón. Quizás sea esta crudeza y aspereza en su trato lo que tiene desarticulado a un equipo armado en su forma actual hace no más de unos cuatro meses.

Es cierto, no debería ser excusa para un equipo profesional que lo amigable o no de un director técnico defina que aun no haya acoplamiento como el que debería haber. Bayern München, por ejemplo, también vivió la incorporación de varios nuevos, igual que el Hamburger SV que poco a poco revive (y lleva siete partdos al hilo sin perder), entre otros.

Lo que sí es verdad es que no hay manera que Wolfsburg termine de acoplarse, y evidentemente que las temperamentales embestidas de Magath sobre su plantilla -a quien en una ocasión dejó de dirigirles la palabra por malos resultados- no mejoran la situación. En lo que va de temporada, el equipo se ha subido y bajado, pero siempre oscilando entre el descenso y la media tabla. Ahora, ya con la temporada más adelantada y una brecha mayor entre líderes y relegados, tanta incertidumbre podría terminar saliéndole caro a un equipo que, en teoría al menos, no debería estar sufriendo de tal forma.

Die Wölfe han disputado un total de 9 partidos como visitantes, de los que han perdido siete. Su discreta ofensiva -nueve tantos (uno por juego)- es incapaz de reducir los daños generados por una defensa que simplemente no está a la talla de las circunstancias; con 25 goles en contra, solamente Freiburg -actualmente último en la tabla- presenta un balance defensivo así de negativo fuera de casa.

Pasaron de la gloria a la miseria, nuevamente. Tras golear, recibieron una goleada donde quedó en evidencia lo vital que les es jugar en casa. Y a pesar de no ser el mejor local, es en la ciudad sede de Volkswagen donde han recogido 13 de sus 17 puntos. Quizás sean las palabras de aliento que llegan desde las gradas, los cumplidos que la fanaticada les brinda, las cuales escasean en el vestidor, que dan valor a los de verde y llevan a actuaciones mucho más estructuradas y donde la concentración parece ser mayor. Nueve goles en contra en 7 juegos, un promedio de 1.28 por juego son una franquísima mejora al récord de encajados de visita, donde el número es de 2.78 goles por juego. Gol y medio menos.

¿Cuál es la reacción del comprador compulsivo que es Felix Magath? Acudir al mercado de fichajes, nuevamente. 17 jugadores llegaron al equipo a comienzos de temporada, provenientes de otros clubes y las filiales del Wolfsburg. No es extraño ver a Magath buscar solucionar sus deficiencias -o a las de su equipo, según su visión- en la incorporación de nuevas figuras y nombres nuevos, los cuales evidentemente van a reemplazar a las que ya hacían labores desde antes. Una suerte de conjunto de mercenarios, peleando por su botín. Difícil que en un ámbito de excesiva competitividad interna, incertidumbre y falta de entendimiento exista alguna sensación de unidad.

Si se estudia el pasado de Magath, sus grandes logros fueron a través del perfeccionamiento y la incorporación de alguna que otra pieza clave a un conjunto, nunca se ha debido al completo rediseño de juego de un equipo cortesía del técnico alemán de madre puertorriqueña. Pero en las oportunidades en que se alzó con títulos hay otra constante: equipos con mano dura, que sabían decirle que no a Magath. Tanto Bayern como el Wolfsburgo campeón fueron equipos que, si bien apoyaban la gestión del técnico, no lo hacían a ciegas; cosa que sí ocurre hoy día en el mismo equipo de Baja Sajonia.

Decir que el fracaso del nuevo ciclo de Magath al frente del Wolfsburg se debe enteramente a lo blando de una directiva que lo trata como semi-dios, es exagerado y poco preciso, pero sin lugar a dudas son parte del coctel de culpas a repartir en un equipo que fue del brillo al descenso en un abrir y cerrar de ojos. Los jugadores, por ser menos atrevidos, se han dejado tratar como niños por un hombre cuyo trabajo y una cierta fama creada lo ha llevado a niveles delirantes de tiranía en el fútbol. La carta blanca que tiene Magath le ha costado millones al Wolfsburg, le ha costado la salud mental a los jugadores y la salud emocional a los seguidores; esto sin incluir los graves daños que el estrés y la frustración deben estar teniendo lugar en una de las mentes más experimentadas del juego en Alemania.

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