Euro 2012

Perdiendo la fe en vano

Alemania no ha podido alcanzar la final de un torneo en el que partía como favorito para ganar, pero no todas son malas noticias para la Mannschaft.

Por cuarta vez en fila, Alemania logra colarse a las semifinales de un torneo internacional; y en lo que va de siglo XXI, el récord es bastante impresionante, con dos subcampeonatos y tres terceros lugares en siete torneos. Pese a no haber llegado aún el “premio gordo”, no puede hablarse de un mal trabajo.

Si se considera que Alemania salió invicto del correctamente llamado ‘grupo de la muerte’, conformado por selecciones pertenecientes todas al top 10 del ranking FIFA, así como el partido que se hizo ante Grecia, el torneo no fue del todo negativo.

Grandes pilares a media máquina

Bastian Schweinsteiger y Lukas Podolski, dos de los jugadores más emblemáticos de la actual selección alemana, lucieron fuera de forma y de momento carentes de méritos para estar en el once titular. Aún así, y como bien se mencionaba en nuestro análisis de los jugadores en la Euro, los mediocampistas no hicieron un trabajo del todo reprochable.

Otros jugadores que parecieron estar desconcentrados de vez en cuando fueron Thomas Müller, quien abusó de sacrificios pero olvidó a veces cumplir con sus tareas más importantes; Mesut Özil, quien pecó de impreciso una que otra vez, pese a un soberano esfuerzo físico; y Toni Kroos, quien no supo aprovechar la oportunidad de ser titular en la semifinal ante Italia, nuevamente dejando un sabor amargo en un partido vital para la selección.

Juventud über alles

Nuevamente, fue Alemania la selección más joven del torneo, y que haya logrado un segundo tercer puesto en fila, solo puede generar expectativas de grandeza. Muchos periodistas y conocedores de la Mannschaft lo dijeron casi de forma unísona: el talento está allí, falta la madurez y experiencia.

En perfecto acuerdo con esto, pueden citarse las actuaciones de André Schürrle y Marco Reus, quienes debutaron en un torneo internacional con su selección. Sus desbordes, dribles, arrastres de marca y disparos complicaron a las defensas de sus enemigos, pero en los menos menos adecuados. Quizás con más prisa que estilo, estos jóvenes -y posiblemente futuros titulares de Alemania- recorrieron sus áreas de juego una y otra vez, buscando romper esquemas e imponer sorpresas sobre sus adversarios.

Que la responsabilidad de liderar a la escuadra recaiga sobre los hombros de Lahm, Schweinsteiger, Podolski y Khedira, todos por debajo de los 28 años de edad, habla muy bien del liderazgo en el futuro inmediato, a mediano y a largo plazo. Detrás de ellos, figuras como Hummels (con el particular papel de convertirse en el nuevo Beckenbauer, según algunos), Badstuber y el mismo Kroos se han ido perfilando como los coroneles y tenientes de una selección en constante recambio.

Continuidad de algo formidable

Joachim Löw llegó a la DFB con Jürgen Klinsmann en el 2004, y fue de los principales responsables en reformar el sistema de formación de jugadores y del fútbol en general en Alemania. Hemos cubierto antes cómo ha venido siendo el funcionar de la Bundesliga y la selección en tiempos recientes, en lo que ha comenzado a reinar el concepto de sustentabilidad.

Su trabajo estratégico ha sido excepcional, y  sus convocatorias rara vez erradas. Sin ir muy lejos, Joachim Löw es el técnico con mejor récord en la historia de la selección alemana, ganando el 69% de sus partidos; un porcentaje muy por encima de leyendas como Sepp Herberger y Helmut Schön.

Redefinió el cómo y el por qué del fútbol alemán, resguardando la disciplina y orden táctico que caracteriza a lo teutón, y reviviendo muchos elementos que hacía años no se veían, como el brillo y elegancia en el dominio del balón, emulando a los mejores movimientos de Günter Netzer, Lotthar Matthaüs, Thomas Hässler y Pierre Littbarski.

En pocas palabras, está llevando al fútbol alemán a redescubrir sus raíces. Si bien ha sido apodada como una selección “Pánzer”, el balompié germano gozó con un desarrollo histórico que unió el ritmo y fortaleza del fútbol inglés-nórdico (bautizado como el estilo Hussar en Alemania) y la afamada Escuela de Viena, doctrina que sirvió de fundamento para los equipos más exitosos de Austria, así como de templado para la mejor Hungría de la historia.

La bendición de estar ubicados justo en la encrucijada de Europa; entre el norte, sur, este y oeste del continente, una mezcla bastante ecléctica de influencias invadió el fútbol. A tal punto, incluso, que los mismos clubes hasta el día de hoy conservan rasgos de sus orígenes: Hamburgo ama volar a lo largo y ancho del campo, Bayern disfruta tocar, Schalke y Dortmund sudan sus victorias, Frankfurt dribla a trompicones agraciados y Stuttgart juega con paciencia.

Jögi Löw ha sabido reinterpretar el legado cultural-deportivo de Alemania y aplicarlo a un fútbol que, bajo las condiciones correctas, podrá alcanzar nuevas alturas. Las selecciones juveniles llevan años ganando trofeos, y esas figuras del mañana comienzan a decir “presente” en la Mannschaft.

Descartar o dar por contado un trabajo que cumple ya 8 años de planificación, por no haber alcanzado un objetivo sin haber fracasado del todo (10 goles en 5 partidos; 12 puntos de 15, no es un balance malo en lo más mínimo), sería incorrecto y peligroso. Si bien se goza de buenos técnicos para relevar en el cargo a Löw (Matthias Sammer siendo el principal candidato, junto al coseleccionador, Hannsi Flick), el ambiente de la sede de la DFB y de la selección como tal, luce poco convencido de que el exjugador del Freiburg y el Schaffhausen suizo sea una figura dispensable al proyecto. Un traspié más no debe llevar al desespero, sino a más hambre de triunfo.

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