Selección Nacional

Alemania deja escapar el Europeo Sub-21 en la final

Se llegaba como una de las candidatas al título, se dieron buenas impresiones, se sorprendió a los más escépticos e incluso auténticos desconocidos en el panorama internacional se hicieron un nombre con sus sobresalientes actuaciones. Pero a la hora de la verdad, Alemania no estuvo a la altura y su pasividad defensiva permitió que una España mucho más hambrienta consiguiera vengarse tras la final de 2017 e impidiera revalidar ese mismo título.

Un prólogo tan goleador como engañoso

Desde un inicio el combinado alemán se mostró confiado, muy capaz de repetir la gesta lograda dos años atrás. Durante la fase de grupos logró una labrada primera victoria por 3:1 ante Dinamarca antes de vapulear por 6:1 a una Serbia que tenía a Luka Jović como principal estandarte, dejando la clasificación matemáticamente sellada para poder relajarse frente a Austria, con quien terminaría empatando 1:1 en el último partido.

Por números, estos tres primeros partidos dejaron diez goles anotados y un gol encajado en cada uno. Mientras se pensaba que el ataque iba a ser el principal punto flojo, Luca Waldschmidt y Marco Richter congeniaron a la perfección y se echaron al equipo a las espaldas. Fue esa gran actuación de los dos atacantes, que no tenían un papel de estrellas en las competiciones domésticas, lo que tapó el bajo rendimiento de una zaga que tenía esporádicas desconexiones y que no terminaba de ser fiable a pesar de los nombres que tenía en ella.

La semifinal trajo consigo a un rival inesperado como Rumanía pero que evidenció los problemas de la zaga al llegar incluso a ponerse 1:2 por delante en el descanso y que propició que Stefan Kuntz se encomendara otra vez al buen hacer de sus atacantes. Esta vez la jugada le salió bien ya que con dobletes de Waldschmidt y un Nadiem Amiri omnipresente terminarían poniendo el 4:2 definitivo en el agregado.

Luca Waldschmidt, el goleador alemán. Foto: Getty Images

España no perdonó los errores

España llegaba a la gran cita multiplicando todo lo que tenían los alemanes, desde las dudas generadas tras su derrota frente a Italia hasta el hambre con que afrontaban la final. Y es que nadie olvidaba el cabezazo de Mitchell Weiser que, con una parábola inimaginable, les quitó de los labios la miel de saborear el triunfo dos años atrás. Fueron esas ganas de vengarse lo que al final le hicieron imponerse.

Kuntz en un inicio salió con sus hombres a especular y a dejar que corriera el tiempo, y esa fue la peor decisión que pudo tomar. El rival salió mucho más metido, presionando y buscando explotar la pasividad de la zaga teutona desde el inicio, tardando sólo siete minutos en encontrar el premio cuando Fabián cogió el balón sin que ningún defensor fuera a cerrarle el paso y asestó un zurdazo desde fuera del área imposible de parar para Nübel. El mundo se les vino encima.

Alemania siguió con una pasividad impropia hasta bien entrado el encuentro, y las pocas veces que atacaba lo hacía mediante un Amiri a quien no le quedaba otra que hacer la guerra por su cuenta. Ni encontró en Serdar, que precisamente tuvo en la final una extraña titularidad, un compañero en quien apoyarse con asiduidad ni tampoco Waldschmidt estuvo tan atinado como en el resto del torneo. Cuando Kuntz lo mandó todo al ataque dispuso de más ocasiones y paulatinamente fue ahogando al rival hasta el punto de merecer el empate. Sin embargo, el único error de Nübel en todo el torneo significó el tanto de Dani Olmo para dejarlo todo visto para sentencia.

Dani Olmo batiendo a Nübel tras el error de este último. Foto: Getty Images

El tanto de Amiri, sin duda el jugador que llevó el peso del equipo en los momentos más adversos, llegó demasiado tarde como para poder obrar un milagro. Tan tarde como el despertar de Alemania en una final donde quedó mostrado que, una vez consiguieron parar su sorpresivo poderío en ataque, su reincidencia en los errores atrás puso el torneo en bandeja para una Roja quizá menos cualitativa que en 2017 pero mucho más firme e inteligente. Porque al final no dependió de cómo empezó el Europeo sino de la manera en que los alemanes lo dejaron escapar. La fiesta se va a España.

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