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El fútbol alemán y la lucha por el colectivo LGBTIQ+

El fútbol alemán dejó muy clara su posición con respecto al movimiento LGBTIQ+.

El fútbol alemán y la lucha por el colectivo LGBTIQ+

Cuando Leon Goretzka marcó el gol que colocaba a Alemania en los octavos de final, a 6 minutos del término del partido contra Hungría, no fue un gol más en su carrera. Adquirió una importancia histórica y transnacional. Por el gol en sí, y su contexto, lo que vino a posteriori y dejando en claro el lugar que ocupa el fútbol alemán con respecto a la lucha por el colectivo LGBTIQ+.

Se había vivido una tensión sin precedentes en el mundo del fútbol europeo por la decisión de la UEFA de no permitir que el Allianz Arena se iluminase con el arcoíris propio de la bandera del Orgullo LGBTIQ+, pues suponía un gesto político –al ser realizado como respuesta a la nueva legislación homófobamente considerada de Hungría– y ellos siempre serían neutrales en este tipo de cuestiones. Y se creó una vorágine imparable. Con respuestas acertadas de todos los equipos de Alemania, y del resto de Europa, que vivió su punto máximo con el tanto del jugador del Bayern München y su celebración.

Eliminando a Hungría de la Eurocopa con su tanto decide celebrar el gol haciendo un corazón con la mano delante de los aficionados húngaros, sus banderas y la cámara, como respuesta al gobierno del país magiar. Una imagen sencilla, pero potente que hace reflexionar, y pensar al respecto de la presencia de jugadores que “salen del armario” en el fútbol alemán.

Leon Goretzka y algo más que un grito de gol. Foto: Imago.

Antes de empezar, un spoiler: en el fútbol masculino, es una cifra inexistente. Aunque esto, evidentemente, no tendría que ser así.

Los datos clave

Cada temporada hay entre 400 y 500 jugadores que compiten en la Bundesliga. Lo que nos indica que, posiblemente, haya habido más de 10 mil futbolistas con al menos un minuto disputado de competición, desde su creación en 1963. Y más de 57 años después del primer partido disputado de la Bundesliga, no hubo aún un jugador del fútbol alemán en activo que haya declarado públicamente su pertenencia al colectivo LGBTIQ+. Aunque los datos demuestran que esto no debería ser así.

Es complicado saber el porcentaje real y concreto de cuántas personas que no son heterosexuales hay en Alemania. Pero hay una estimación que esta cifra se mueve entre el 3% y el 10% de la población total germana. Lo que supondría que, en teoría, debería haber cada temporada entre 13 y 45 futbolistas que no son heterosexuales. Y a largo plazo, debería haber habido más de mil en total. Y la clave es que los ha habido. Pues algo que sucede en todos los ámbitos de la sociedad no puede no suceder en el deporte masculino. Pero que se conozcan como tal, que lo hayan anunciado sin tapujos, solamente ha habido 3. Los casos más sonados, y que han ido evolucionando en el tiempo.

El primer protagonista del movimiento LGBTIQ+ y del fútbol alemán en dar el gran paso

El primer nombre es Heinz -o Heinrich- Bonn. Llegó al Hamburg en 1970, como un gran talento de futuro -solamente tenía 23 años-, pero desde un primer momento todo se torció. Entre 1970 y 1973 solamente jugó 13 partidos de Bundesliga (de 114 posibles). Pues tuvo que ser operado hasta en cuatro ocasiones de una lesión crónica en el menisco de la rodilla. Se marchó al Arminia Bielefeld para la 73/74, y todo fue a peor. Le operaron una quinta vez, no podía andar sin dolor, y vivía sobre un restaurante con unas condiciones de vida paupérrimas.

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Acabó retirándose del fútbol profesional antes de que finalizara la temporada. Ya en 1986 dejó todo el fútbol definitivamente y, sumido en el alcohol, lo encontraron muerto en su habitación, asesinado teóricamente por una prostituta. Hasta después de su fallecimiento no se supo que no era heterosexual. Ni tampoco se habló de ello, y que en su estancia en Hamburg a pesar de las lesiones tenía unas rutinas habituales en la noche de la ciudad que mantenían su ánimo en pie. Dejar la ciudad hanseática fue el principio del fin.

La década del 90, del desconocimiento a un integrante del anonimo del fútbol alemán y el colectivo LGBTIQ+

Llegando en 1991 al siguiente ejemplo masculino, protagonizado este por Marcus Urban, con un denominador común con Bonn, que es una retirada pronta del mundo del fútbol. Habiendo crecido en la DDR, fue también una joven y fulgurante promesa. Nació en 1971, y sin tener todavía los 20 años cumplidos, le habían ofrecido en el Rot-Weiß Erfurt un contrato profesional con el primer equipo. En 1991, de todas formas, se retiró.

¿La causa? No creía que pudiera aguantar la presión de tener que esconder el hecho de ser homosexual al mundo. Para 1994 ya se lo había dicho a su familia, y en 2007 su nombre llegó al ámbito nacional, al haber dado una entrevista a Die Welt titulada “»Schwule Fußballer haben Angst» -los futbolistas homosexuales tienen miedo-. Alli contaba públicamente por primera vez su caso, y su vida. Y en 2008 sacó una autobiografía titulada “Versteckspieler” -Jugador escondido-. Gracias a la relevancia ganada con este caso, ahora es miembro activo de la “Association for Diversity in Sport and Society” y de la red “Football for Diversity”.

Poco antes había sucedido algo curioso. Y es que en 2004 la versión online de Der Spiegel publicó un artículo con confesiones de uno de las mayores estrellas de la Bundesliga aquel curso, que se mantuvo en su anonimato y fue denominado como “Enver”. No se ha llegado a saber nunca quién era. Pero es buena muestra de lo difícil que ha sido la vida de los futbolistas que no eran heterosexuales que cuando sentían la necesidad de hablar. Esto se debe a que posiblemente no aguantaran más, tenían que hacerlo sin decir su identidad para no perder reputación, contratos de patrocinio u opciones futbolísticas en futuros equipos. Aunque una década después un jugador que en 2004 no estaba en la Bundesliga, sino en la Premier, dio un paso de gigante en esta lucha.

Thomas Hitlsperger, un caso paradigmático del fútbol alemán de cara al movimiento LGBTIQ+

Pues ni Bonn ni Urban recibieron la atención periodística -y no periodística- que ha recibido Thomas Hitzlsperger desde 2014. En ese momento en el que se convirtió en el jugador más mediático en declarar públicamente que era homosexual, y tirar abajo otro muro metafórico más. Hitzlsperger fue ganador de la Bundesliga en la temporada 2006/07 con el Stuttgart -entró en el once ideal aquel curso-. También fue mundialista con la selección alemana -finalista en 2008-. Y además, un auténtico ídolo en el Aston Villa, donde es el 17º jugador no-nacido en las Islas en partidos disputados en su historia, con 110. Se retiró, también apresuradamente por problemas de lesiones, en septiembre de 2013. Y el 8 de enero de 2014 dijo a Die Zeit que estaba diciendo públicamente quién era él realmente, “anunciando” su homosexualidad:

«Quiero hacer avanzar el debate sobre la homosexualidad entre los deportistas profesionales.»

Entre otras cosas que reveló, está el hecho de que en los vestuarios de los clubes profesionales esto era algo que no se trataba con secretismo, y que evidentemente estaba bien visto. Fue un gesto tan importante que despertó reacciones de todo tipo en el mundo del fútbol. Por ejemplo, Lukas Podolski, que destacó la importancia de sus palabras. O de Joey Barton, que apuntó con mucho tino que era muy triste que un jugador tuviera que esperar a dar un paso así de importante para sus vidas a cuando estuviera ya retirado de su profesión.

El fútbol femenino da el ejemplo

Esto que comenta Barton es la triste realidad de nuestros días. Y la razón de la importancia de gestos como los de Goretzka en el Allianz, o de Neuer con el brazalete. Hay que seguir hablando del colectivo LGBTIQ+ en el mundo en general. Y, sobre todo, en el fútbol masculino en concreto donde hay que seguir luchando hasta que esté normalizado en todos los ámbitos. Como pasa, por ejemplo, en el mundo del fútbol femenino. Y es que según Tina Theune, que fue seleccionadora alemana en su día, la mayoría de las integrantes de Die Mannschaft no es heterosexual. O es mucho más normal ver a jugadoras profesionales dar muestras de afecto en partidos o casarse y asumir su homosexualidad o bisexualidad en activo. Como puede ser el caso de Ursula Hall, que se casó en 2010, todavía jugando en la selección.

Además, esto no sucede en Alemania, sino que es algo global. Según recogió Out Sports -de SB Nation- en 2019, en el Mundial femenino hubo más de 40 participantes que pertenecían al colectivo LGBTIQ+, aunque este acontecimiento -que no debería serlo- apenas recibió atención por parte de la prensa. La gran razón por la que es más habitual ver jugadoras en activo que viven su diversidad sexual con normalidad, como debería ser por otra parte, es por lo poco que se centran los focos en ellas. Esto es lo que opina Manuela Kay, editora jefe de L-MAG, una revista que cuenta con el público lésbico como su público objetivo, pues según ella “al mundo le importa muy poco lo que las mujeres hagan con sus afectos y con sus cuerpos”.

Es el momento

Es por esto que se cree que hasta que un jugador masculino de la Bundesliga -o alguna de las otras primeras divisiones con atención internacional- del paso y confirme lo que él ya esté viviendo -porque una cosa es decirlo en público, y se ha demostrado que pueden pasar décadas hasta que lo hagas- no habrá un cambio real en el fútbol y en toda la sociedad. Tristemente, hace falta alguien que esté dispuesto a sacrificarse por lo que pueda pasar, para abrir las puertas de los que vendrán inspirados por sus palabras y sus actos.

A veces hace falta que se tire la primera piedra sobre un muro para que el resto de ladrillos empiecen a caer. Y lo único que se puede hacer en esos casos, es apoyar todo tipo de acto que se lleve a cabo, toda decisión que se tome, y nunca dar la espalda a aquellos que sufren en silencio. Por algo Desmond Tutu dijo que “ser neutral en situaciones de injusticia, es estar del lado del opresor”. Y estar en el lado del opresor, evidentemente, es estar en el lado malo de la historia. Algo que no debe ser permitido, pues no debe haber lado malo, ni opresor. Esta es la visión del fútbol alemán con respecto al movimiento LGBTIQ+.

De la escuela del 99. Me gusta considerarme periodista y escritor, pero aun estoy en el intento. Soy un Fohlen de manual, y alemán por sangre y corazón. Además de gallego en mis ratos libres, y cuando estoy ocupado.

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